El Congreso de la Ciudad de México presentó en junio de 2026 una iniciativa para ampliar las licencias de paternidad en el país, según confirmó el órgano legislativo local en un comunicado oficial. Sin embargo, la propuesta carece de información fundamental: no especifica cuántos días de permiso otorgaría a los padres trabajadores, quién la presentó, ni si pretende reformar la legislación local o la federal. Esta ausencia de datos convierte una iniciativa potencialmente progresista en un ejercicio de opacidad legislativa que impide evaluar su verdadero alcance e impacto.
El rezago estructural de México en licencias de paternidad
México mantiene actualmente uno de los periodos más cortos de licencia de paternidad en América Latina: apenas 5 días laborables, según establece el artículo 132, fracción XXVII Bis de la Ley Federal del Trabajo. Esta disposición coloca al país en una posición rezagada frente a sus vecinos regionales, donde el promedio supera ampliamente esta cifra.
La comparativa internacional evidencia la brecha: Chile otorga hasta 28 días de licencia de paternidad, Uruguay concede 13 días, y países como España han extendido este derecho hasta 16 semanas equiparables a la licencia de maternidad. En contraste, los padres mexicanos apenas disponen de una semana para acompañar el nacimiento o adopción de sus hijos, lo que perpetúa roles de género tradicionales donde el cuidado recae predominantemente en las madres.
Esta diferencia no es meramente simbólica. Estudios sobre políticas de cuidado demuestran que licencias de paternidad más extensas favorecen la corresponsabilidad familiar, reducen la brecha salarial de género al disminuir la penalización laboral que enfrentan las mujeres por la maternidad, y fortalecen el vínculo paterno-filial en etapas críticas del desarrollo infantil. La propuesta del Congreso capitalino llega en un momento donde el debate sobre la distribución equitativa del trabajo de cuidados ha ganado centralidad en la agenda pública mexicana.
Una iniciativa sin detalles fundamentales
Según el comunicado oficial del Congreso de la Ciudad de México publicado el 17 de junio de 2026, se presentó formalmente una iniciativa para "otorgar licencias de paternidad". Infobae replicó la información señalando que se propone "ampliar el permiso para padres tras el nacimiento de sus hijos", pero ninguna de las fuentes especifica el contenido sustantivo de la propuesta.
La información ausente es crítica para evaluar la iniciativa: no se conoce cuántos días de ampliación propone, si se trata de pasar de 5 a 10 días (un avance modesto) o de 5 a 30 días (una transformación significativa). Tampoco se ha revelado qué partido o grupo parlamentario presentó la iniciativa, ni si cuenta con dictamen favorable en comisiones o apenas está en etapa de presentación. Esta opacidad contrasta con las prácticas de transparencia legislativa que exigen comunicar el contenido de las propuestas a la ciudadanía.
Un elemento adicional complica el panorama: la Ciudad de México tiene facultades limitadas en materia laboral. Si bien puede legislar para trabajadores del gobierno local (empleados de la administración pública capitalina), no puede modificar la Ley Federal del Trabajo que rige las relaciones laborales en el sector privado. Ninguna fuente aclara si esta iniciativa aplica exclusivamente al sector público local —lo que limitaría su impacto a unos pocos miles de trabajadores— o si constituye un exhorto para que el Congreso federal reforme la LFT, lo cual requeriría un proceso legislativo completamente distinto y más complejo.
El contexto progresista que las fuentes no conectan
La iniciativa de licencias de paternidad no surge en el vacío. El 26 de mayo de 2026, el mismo Congreso capitalino aprobó la expedición de la Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México, según comunicado oficial del órgano legislativo. Esta ley representa un esfuerzo institucional para reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidados no remunerado que recae desproporcionadamente en las mujeres.
La Ley del Sistema de Cuidados establece un marco para articular servicios públicos de cuidado infantil, de personas mayores y con discapacidad, además de impulsar políticas de corresponsabilidad entre Estado, mercado y familias. En ese sentido, la ampliación de licencias de paternidad encajaría naturalmente como un componente de esta estrategia más amplia: si los padres disponen de más tiempo para cuidar a sus hijos recién nacidos, se avanza hacia la redistribución equitativa del trabajo doméstico y de cuidados.
Sin embargo, ninguna de las fuentes oficiales ni periodísticas establece esta conexión explícita. No se menciona si la iniciativa de licencias de paternidad fue presentada por los mismos legisladores que impulsaron la Ley de Cuidados, ni si forma parte de un paquete legislativo coordinado. Esta desconexión comunicativa impide al público entender si existe una visión integral de política familiar o si se trata de iniciativas aisladas sin articulación estratégica.
Paralelamente, comisiones del Senado de la República aprobaron el 8 de abril de 2026 un proyecto para facultar al Congreso federal a expedir leyes generales en materia de feminicidio, según informó el portal oficial del Senado. Aunque esta reforma constitucional aborda la violencia de género desde otra dimensión, refuerza el contexto de un momento legislativo donde los derechos de las mujeres y las políticas de género ocupan un espacio destacado en la agenda pública nacional.
La brecha de género que persiste en las licencias parentales
Mientras los padres mexicanos disponen de 5 días de licencia de paternidad, las madres trabajadoras tienen derecho a 12 semanas de licencia de maternidad (84 días), según la misma Ley Federal del Trabajo. Esta diferencia de 1,580% entre ambas licencias no es accidental: refleja la persistencia de una división sexual del trabajo donde se asume que el cuidado infantil corresponde primordialmente a las mujeres.
Esta desigualdad tiene consecuencias laborales documentadas. Las empresas, anticipando que las mujeres tomarán licencias más largas y asumirán mayoritariamente responsabilidades de cuidado, muestran preferencias de contratación hacia hombres en sectores donde la maternidad se percibe como un "costo" laboral. Esto perpetúa brechas salariales y limita oportunidades profesionales para las mujeres, especialmente en edades reproductivas.
Ampliar significativamente las licencias de paternidad —idealmente igualándolas a las de maternidad, como han hecho países nórdicos— envía una señal económica y cultural: el cuidado infantil es responsabilidad compartida, no atributo femenino. Esto reduciría el "riesgo" diferencial que representa contratar mujeres y, simultáneamente, fortalecería el ejercicio de la paternidad activa.
Las voces ausentes en el debate
La cobertura disponible sobre la iniciativa proviene exclusivamente de comunicados oficiales del Congreso de la Ciudad de México y su réplica por Infobae. No hay declaraciones de los legisladores proponentes explicando la fundamentación de la reforma, ni posicionamientos de actores económicos o sociales que serían directamente afectados.
Las organizaciones empresariales, que históricamente han argumentado que extensiones de licencias aumentan costos laborales y reducen competitividad, no han emitido posturas públicas. Tampoco se conocen pronunciamientos de centrales sindicales —como la CTM o la CROC— que tradicionalmente negocian prestaciones superiores a la ley en contratos colectivos. La ausencia de estas voces impide entender si existe consenso, resistencia o negociación en torno a la propuesta.
De igual forma, no hay información sobre el costo fiscal estimado si la iniciativa aplica al sector público local. La Ciudad de México emplea a decenas de miles de trabajadores en dependencias, alcaldías y organismos descentralizados. Extender licencias de paternidad implicaría costos de sustitución temporal de personal o reorganización del trabajo, variables que deberían ser transparentadas en la exposición de motivos de cualquier iniciativa seria.
El problema estructural del mercado laboral mexicano
Una limitación fundamental que ninguna fuente aborda es la naturaleza del mercado laboral mexicano: aproximadamente el 60% de los trabajadores opera en la economía informal, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estos trabajadores, por definición, carecen de acceso a prestaciones laborales formales, incluidas licencias de paternidad o maternidad.
Incluso si la iniciativa del Congreso capitalino lograra reformar la Ley Federal del Trabajo y establecer licencias de paternidad de, por ejemplo, 20 días, esta prestación solo beneficiaría a los trabajadores formales con contratos laborales reconocidos. Millones de padres que trabajan por cuenta propia, en empleos eventuales o sin registro patronal quedarían excluidos de esta política pública.
Este fenómeno evidencia una tensión estructural en las políticas laborales progresistas mexicanas: pueden mejorar condiciones de una minoría de trabajadores formales mientras la mayoría permanece al margen de derechos básicos. Ninguna de las fuentes discute si la iniciativa contempla mecanismos para trabajadores independientes, aunque sistemas de licencias universales financiadas por el Estado (no por empleadores) existen en varios países europeos.
La mención enigmática del PVEM y una ley "obsoleta"
Una nota de La Silla Rota publicada el 19 de junio agrega un elemento de confusión al panorama informativo. Según este medio, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) propone "cambiar una letra en el Código Penal y reformar una ley que pronto quedará obsoleta". La nota no especifica de qué ley se trata ni si se relaciona con las licencias de paternidad o constituye un tema legislativo separado.
Esta ambigüedad ejemplifica un problema recurrente en la cobertura legislativa: informar sobre iniciativas sin explicar su contenido sustantivo. Si el PVEM está proponiendo reformas relacionadas con paternidad o cuidados, esta información sería relevante para entender los actores políticos detrás del impulso. Si se trata de un tema distinto, su inclusión en el contexto de licencias de paternidad solo genera confusión.
El PVEM tiene representación en el Congreso de la Ciudad de México y ha impulsado previamente iniciativas en materia ambiental y de derechos animales. Sin embargo, sin acceso al texto de las propuestas mencionadas, es imposible evaluar si existe coordinación partidista en torno a políticas de cuidados o si se trata de iniciativas desconectadas.
Lo que falta por saber
La opacidad informativa sobre esta iniciativa contrasta con los estándares básicos de transparencia legislativa. Para que la ciudadanía pueda evaluar la propuesta, se requiere conocer: ¿Cuántos días de licencia de paternidad se propone exactamente? ¿Se amplía de 5 a 10, 15, 20 o 30 días? La magnitud del cambio determina si se trata de un ajuste cosmético o una transformación significativa.
También es fundamental aclarar: ¿La reforma aplica solo a trabajadores del gobierno de la Ciudad de México o pretende reformar la Ley Federal del Trabajo? Si es lo primero, el impacto sería limitado a unos pocos miles de empleados públicos. Si es lo segundo, requeriría que el Congreso federal tome la propuesta, lo cual implica un proceso legislativo completamente distinto con posibilidades de éxito inciertas.
Otras preguntas sin respuesta incluyen: ¿Qué grupo parlamentario presentó la iniciativa? ¿Existe dictamen favorable en comisiones o apenas está en fase inicial? ¿Cuál es el costo fiscal estimado si aplica al sector público? ¿La iniciativa incluye licencias para parejas del mismo sexo o procesos de adopción? ¿Qué dicen organizaciones empresariales y sindicales sobre el impacto económico?
La conexión con la recién aprobada Ley del Sistema de Cuidados también requiere esclarecimiento. ¿Existe articulación institucional entre ambas iniciativas o son esfuerzos legislativos independientes? Si forman parte de una estrategia coordinada de política familiar, esto debería comunicarse explícitamente para que la ciudadanía entienda la visión de largo plazo.
Entre el progresismo capitalino y las limitaciones nacionales
La Ciudad de México ha desarrollado en años recientes un perfil legislativo progresista en materia de derechos: fue pionera en legalizar el matrimonio igualitario (2009), el aborto (2007) y la eutanasia (2021). La aprobación de la Ley del Sistema de Cuidados y la iniciativa de licencias de paternidad parecen inscribirse en esta tradición de avanzada.
Sin embargo, existe una tensión entre la ambición legislativa local y la realidad laboral nacional. Mientras el Congreso capitalino puede impulsar leyes progresistas para su jurisdicción, la mayoría de los trabajadores mexicanos vive fuera de la Ciudad de México y está sujeta a legislación federal. Si esta iniciativa no logra reformar la Ley Federal del Trabajo, su impacto se limitará a una fracción de trabajadores en la capital.
Además, incluso reformas federales enfrentan el problema estructural de la informalidad laboral. Políticas progresistas que solo benefician al sector formal pueden profundizar desigualdades entre trabajadores con y sin contratos registrados, especialmente en un contexto donde el empleo informal crece más rápido que el formal.
El debate sobre licencias de paternidad en México requiere, por tanto, una discusión más amplia sobre cómo universalizar derechos laborales en una economía donde la mayoría de los trabajadores opera al margen de la formalidad. Sin esta reflexión, iniciativas bienintencionadas corren el riesgo de convertirse en privilegios de una minoría.
Mientras el Congreso de la Ciudad de México no publique el contenido completo de la iniciativa y los actores involucrados no presenten sus posiciones, lo que podría ser un avance significativo en derechos laborales y equidad de género permanece como un anuncio sin sustancia verificable. La transparencia no es un lujo democrático: es el requisito mínimo para que la ciudadanía evalúe el desempeño de sus representantes.

