Estados Unidos está ejecutando una estrategia diplomática multifrontal que incluye un acercamiento inédito al Vaticano y, según expertos, intentos sistemáticos de dividir bloques económicos alternativos como los BRICS. Esta activación diplomática coincide con propuestas internacionales de reforma al sistema multilateral global.

El acercamiento a Roma: una reconciliación estratégica

El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio se reunirá con el papa León XIV en una cita que busca "bajar el conflicto" entre Washington y el Vaticano, según reporta El Litoral. Esta reunión representa un giro significativo en las relaciones bilaterales, que han estado marcadas por tensiones crecientes durante los últimos años.

Las fricciones entre Estados Unidos y el Vaticano han escalado por posiciones divergentes en temas de justicia social y política exterior. El papa León XIV ha mantenido una línea de continuidad con las posturas progresistas del Vaticano en temas geopolíticos, lo que ha generado roces con la administración estadounidense en asuntos que van desde la política migratoria hasta el enfoque hacia conflictos internacionales.

Esta reunión diplomática de alto nivel sugiere que Washington reconoce la influencia global del Vaticano como un actor que puede incidir en la opinión pública internacional y en la legitimidad de las políticas estadounidenses, especialmente en América Latina y otras regiones de fuerte presencia católica.

La estrategia anti-BRICS: fragmentar la alternativa

Paralelamente a estos esfuerzos diplomáticos tradicionales, el analista geopolítico Gabriel Merino advierte que "Estados Unidos necesita dividir a los BRICS" como parte central de su estrategia geopolítica global, según su análisis publicado en Perfil.

Los BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— han emergido como el principal bloque económico alternativo al orden occidental, especialmente después de su expansión con nuevos miembros en 2024. Este grupo representa aproximadamente el 40% del PIB mundial y más del 40% de la población global, constituyendo un contrapeso real al dominio económico y financiero tradicional liderado por Estados Unidos y Europa.

La preocupación estadounidense se intensifica porque los BRICS han avanzado en iniciativas concretas como el desarrollo de sistemas de pago alternativos al dólar, la creación de instituciones financieras propias como el Nuevo Banco de Desarrollo, y la coordinación de políticas en foros internacionales que desafían el consenso occidental.

Reformas multilaterales: voces por el cambio

En este contexto de reconfiguración geopolítica, Rebeca Grynspan, ex-secretaria general de UNCTAD, propone reformar la ONU y plantea un liderazgo más activo en conflictos internacionales, según El Universal. Sus propuestas llegan en un momento en que el sistema multilateral enfrenta cuestionamientos sobre su eficacia.

Grynspan aboga por reformas estructurales que reflejen mejor la realidad geopolítica actual, donde potencias emergentes demandan mayor representación en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU. Sus planteamientos coinciden con un debate global sobre la necesidad de modernizar instituciones creadas después de la Segunda Guerra Mundial.

La propuesta de un "liderazgo más activo" en conflictos internacionales sugiere una crítica implícita a la parálisis que ha mostrado el sistema multilateral en crisis recientes, desde conflictos armados hasta crisis económicas globales.

Análisis: una diplomacia de múltiples frentes

La simultaneidad de estas iniciativas diplomáticas revela una estrategia estadounidense de múltiples frentes que busca mantener su influencia global mientras enfrenta el desafío de un mundo cada vez más multipolar. El acercamiento al Vaticano puede interpretarse como un esfuerzo por recuperar legitimidad moral internacional, mientras los intentos de dividir a los BRICS responden a una lógica de contención geopolítica.

Esta estrategia enfrenta desafíos significativos. Por un lado, los miembros de los BRICS han desarrollado intereses económicos compartidos que van más allá de su oposición común al orden occidental. Por otro, el Vaticano ha demostrado independencia creciente en sus posiciones internacionales, lo que limita el margen de maniobra para cualquier acuerdo que comprometa sus principios.

Las propuestas de reforma multilateral de Grynspan añaden una tercera dimensión al debate: la necesidad de actualizar el sistema internacional para reflejar las nuevas realidades de poder. Esto podría significar que tanto Estados Unidos como los BRICS tendrían que hacer concesiones en un marco renovado de gobernanza global.

Implicaciones para el orden mundial

La actividad diplomática estadounidense actual sugiere un reconocimiento implícito de que el mundo unipolar posterior a la Guerra Fría ha llegado a su fin. La necesidad de negociar con el Vaticano y la preocupación por dividir a los BRICS indican que Washington enfrenta limitaciones reales a su capacidad de imposición unilateral.

Para América Latina, estas dinámicas tienen implicaciones particulares. La región alberga importantes miembros de los BRICS como Brasil, y países como México mantienen relaciones complejas tanto con Estados Unidos como con China. El acercamiento estadounidense al Vaticano podría buscar influir en la opinión católica latinoamericana en un contexto de creciente presencia china en la región.

La fragmentación potencial de los BRICS beneficiaría claramente a Estados Unidos, pero también podría generar mayor inestabilidad económica global si afecta la coordinación en temas como comercio internacional, cambio climático y estabilidad financiera.

Lo que falta por saber

Varias preguntas clave permanecen sin respuesta sobre esta intensificación diplomática. ¿Cuáles son específicamente las tensiones entre Estados Unidos y el Vaticano que requieren una reunión de este nivel? Las fuentes disponibles no detallan los puntos concretos de fricción que Rubio buscaría resolver.

Igualmente importante es entender qué estrategias concretas está empleando Washington para dividir a los BRICS, según el análisis de Gabriel Merino. ¿Se trata de incentivos económicos diferenciados, presiones diplomáticas selectivas, o una combinación de ambas?

También queda por clarificar si las propuestas de reforma de la ONU de Rebeca Grynspan están coordinadas con alguna iniciativa gubernamental específica, o si representan únicamente una perspectiva académica independiente sobre la necesidad de cambio institucional.

Finalmente, resulta crucial determinar si esta actividad diplomática responde a crisis específicas inmediatas o forma parte de una estrategia preventiva de largo plazo para mantener la influencia estadounidense en un mundo multipolar. La respuesta a esta pregunta definirá si estamos presenciando ajustes tácticos o una reconfiguración estratégica fundamental de la política exterior estadounidense.