Ver todos los partidos de un equipo de Liga MX ya no es una cuestión de encender la televisión. La fragmentación de los derechos televisivos obliga a los aficionados mexicanos a suscribirse a múltiples plataformas de pago para seguir completamente a sus equipos, mientras persiste la incertidumbre sobre qué partidos podrán verse en televisión abierta.

El laberinto de las plataformas

La situación actual del futbol mexicano en televisión presenta un panorama complejo para los aficionados. ESPN México tiene programada la Jornada 16 del Clausura 2026, según información oficial de la plataforma, mientras que DAZN ofrece cobertura tanto para México como Estados Unidos del mismo torneo. Esta división de contenidos ejemplifica la nueva realidad del consumo deportivo en el país.

Un caso concreto ilustra esta fragmentación: Radio Fórmula reportó incertidumbre sobre si el partido Pumas vs FC Juárez de la Jornada 15 sería transmitido por TV abierta. Esta situación, que se repite constantemente durante la temporada, refleja la falta de claridad que enfrentan los seguidores del futbol mexicano para acceder a los contenidos.

La Liga de Expansión MX, por su parte, ya tiene definidos fechas y horarios para sus Cuartos de Final, según información publicada en redes sociales oficiales, lo que sugiere que incluso las divisiones inferiores han adoptado este modelo de distribución fragmentada de contenidos.

Antecedentes: del monopolio a la dispersión

Históricamente, el futbol mexicano se transmitía principalmente a través de dos grandes televisoras: Televisa y TV Azteca. Este duopolio garantizaba que la mayoría de los partidos estuvieran disponibles en televisión abierta, permitiendo el acceso masivo al deporte más popular del país. La transformación comenzó hace aproximadamente una década con la llegada de nuevos actores.

La entrada de plataformas streaming internacionales como Amazon Prime Video, la expansión de ESPN y el surgimiento de servicios especializados como DAZN han revolucionado el panorama. Este cambio coincide con la tendencia global de 'cord-cutting' y el crecimiento del consumo de contenido bajo demanda, pero en México ha generado consecuencias particulares debido a los niveles de ingreso de la población.

La pandemia de COVID-19 aceleró este proceso de digitalización, con más plataformas compitiendo por los derechos televisivos del futbol mexicano. Sin embargo, esta competencia, que en teoría debería beneficiar a los consumidores, ha resultado en una mayor fragmentación y costos adicionales para los aficionados.

Los hechos: dispersión sin coordinación

Las fuentes consultadas revelan una realidad dispersa en la información sobre transmisiones. Existe confusión incluso sobre qué jornadas se están disputando simultáneamente: mientras algunas fuentes mencionan la Jornada 15, otras se refieren a la 16, sin clarificar si son consecutivas o si hay traslapes en el calendario.

Según los datos disponibles, DAZN opera como distribuidor de contenido tanto para el mercado mexicano como estadounidense, lo que sugiere una estrategia comercial que aprovecha la audiencia binacional del futbol mexicano. Por su parte, ESPN México mantiene una programación definida para Liga MX, consolidándose como uno de los principales actores en este mercado fragmentado.

La información sobre disponibilidad en TV abierta permanece inconsistente. El caso documentado por Radio Fórmula sobre la transmisión del partido Pumas vs FC Juárez ilustra un patrón: los aficionados frecuentemente no saben hasta el último momento si podrán ver los partidos de sus equipos sin costo adicional.

Análisis: el costo oculto de la fragmentación

Esta fragmentación tiene implicaciones económicas y sociales profundas. Para seguir completamente a un equipo durante toda la temporada, un aficionado podría necesitar suscripciones a ESPN (aproximadamente 149 pesos mensuales), DAZN (199 pesos mensuales) y potencialmente otras plataformas, lo que representa un gasto significativo para familias mexicanas cuyo ingreso promedio mensual ronda los 15,000 pesos.

Desde la perspectiva de audiencias, esta dispersión podría estar afectando los números totales de espectadores por partido. Un partido que antes concentraba 5 millones de televidentes en TV abierta ahora podría dividir esa audiencia entre múltiples plataformas, complicando la medición del impacto real y la valoración publicitaria del contenido deportivo.

Para los equipos de Liga MX, esta situación presenta un dilema. Por un lado, la competencia entre plataformas puede incrementar el valor de los derechos televisivos y, por tanto, los ingresos de los clubes. Por otro, la reducción del alcance masivo podría afectar la construcción de nuevas aficiones y el valor de marca de los equipos a largo plazo.

El impacto generacional es particularmente relevante. Los aficionados jóvenes, acostumbrados al consumo digital, pueden adaptarse más fácilmente a este modelo. Sin embargo, las generaciones mayores y los sectores de menores ingresos enfrentan barreras tecnológicas y económicas que los alejan del consumo del futbol nacional.

Regulación: el vacío gubernamental

México carece de una regulación específica que garantice el acceso a eventos deportivos de interés nacional en televisión abierta, a diferencia de países como Reino Unido o Francia. La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión no establece obligaciones claras sobre la transmisión de deportes en TV abierta, dejando estas decisiones al libre mercado.

El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) ha mostrado preocupación por la concentración de contenidos deportivos en plataformas de pago, pero hasta ahora no ha implementado medidas regulatorias específicas. Esta ausencia de intervención gubernamental contrasta con otros países donde ciertos eventos deportivos se consideran de interés público.

Los criterios que utiliza Liga MX para distribuir partidos entre diferentes transmisores permanecen opacos. No existe transparencia sobre cómo se determina qué partidos van a TV abierta y cuáles quedan exclusivamente en plataformas de pago, generando especulación sobre posibles favoritismos hacia equipos más grandes o mercados más atractivos.

Lo que falta por saber

Múltiples interrogantes permanecen sin respuesta en este panorama fragmentado. ¿Cuánto gastan realmente los aficionados mexicanos para seguir completamente a sus equipos? Un estudio de consumo integral ayudaría a dimensionar el impacto económico real de esta fragmentación en los hogares mexicanos.

La ausencia de datos sobre audiencias fragmentadas también genera incertidumbre. ¿Cómo miden las plataformas el éxito de sus inversiones en derechos deportivos? ¿Existe coordinación entre plataformas para mediciones conjuntas que permitan a anunciantes entender el alcance real de sus campañas?

Desde el punto de vista regulatorio, ¿considera el gobierno mexicano necesaria una intervención para garantizar acceso público a eventos deportivos? La experiencia internacional sugiere diferentes enfoques, desde listas de eventos protegidos hasta cuotas mínimas de transmisión gratuita.

Finalmente, el modelo de negocio a largo plazo permanece incierto. ¿Es sostenible financieramente para las plataformas mantener esta competencia por derechos deportivos? La consolidación del sector podría ser inevitable, pero sus características y timing siguen siendo imprevisibles, dejando a los aficionados en una constante incertidumbre sobre cómo acceder al futbol mexicano.