Estados Unidos ha puesto sobre la mesa una amenaza comercial que podría redefinir el panorama económico de América del Norte: las negociaciones de revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) podrían extenderse más allá del 1 de julio de 2026, según advirtió el representante comercial estadounidense. Esta maniobra coincide con el descubrimiento de una debilidad estructural en la posición negociadora mexicana: la omisión del sector servicios en el tratado actual, un vacío que compromete sectores que representan el 70% del PIB nacional.

Un tratado fundamental bajo presión

El T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020 reemplazando al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), constituye uno de los bloques comerciales más importantes del mundo, representando el 30% del PIB mundial y el 28% del comercio global. Su primera revisión obligatoria, programada para 2026, se perfila como un proceso complejo que podría replicar —o incluso superar— la duración de las negociaciones originales, que se extendieron por más de dos años entre 2017 y 2019.

La amenaza de prolongación de las negociaciones llega en un momento de particular tensión geopolítica. El expresidente Donald Trump ya había generado incertidumbre al amenazar previamente con abandonar completamente el T-MEC, una posición que, según reportó The New York Times, puso a temblar incluso a sus partidarios debido a las implicaciones económicas devastadoras que tendría para los tres países.

Ante este escenario, el primer ministro canadiense Justin Trudeau ha propuesto una estrategia defensiva: una alianza México-Canadá para fortalecer su posición frente a Estados Unidos.

"A México y a Canadá les conviene estar alineados fuertemente en estas negociaciones"
, declaró Trudeau según reportó El País, sugiriendo que ambos países socios necesitan coordinarse para no quedar en desventaja frente al poder negociador estadounidense.

El vacío estratégico de los servicios

Mientras se diseñan estrategias diplomáticas, un análisis de El Financiero ha revelado una omisión estructural crítica en el T-MEC actual: la ausencia de un marco integral para el sector servicios. Esta carencia es particularmente grave para México, donde los servicios constituyen la mayor parte de la actividad económica, abarcando desde servicios financieros y telecomunicaciones hasta turismo y servicios profesionales.

La exclusión de los servicios no es accidental sino resultado de las prioridades negociadoras de la administración Trump, que se enfocó principalmente en manufactura, agricultura y energía. Sin embargo, esta omisión deja a México en una posición vulnerable, especialmente considerando que Estados Unidos podría aprovechar la revisión de 2026 para imponer nuevas condiciones en sectores de servicios donde México ha desarrollado ventajas competitivas significativas.

El sector servicios mexicano ha experimentado un crecimiento sostenido en la última década, impulsado por la digitalización, el nearshoring y la integración regional. Servicios como centros de llamadas, desarrollo de software, servicios financieros transfronterizos y turismo médico han posicionado a México como un actor relevante en la economía de servicios regional. La falta de protecciones específicas en el T-MEC deja estos sectores expuestos a posibles barreras comerciales unilaterales.

Estrategias asimétricas en la mesa de negociación

La propuesta de Trudeau de formar una alianza México-Canadá refleja una realidad geopolítica: ambos países enfrentan el poder negociador desproporcionado de Estados Unidos, cuya economía es aproximadamente diez veces mayor que la mexicana y cinco veces mayor que la canadiense. Sin embargo, no existe evidencia en las fuentes consultadas de una respuesta oficial mexicana a esta propuesta, lo que sugiere posibles diferencias en las estrategias nacionales.

Canadá, con una economía más diversificada y menor dependencia del comercio con Estados Unidos en términos relativos, podría tener mayor margen de maniobra en las negociaciones. México, por el contrario, destina aproximadamente el 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense, una dependencia que limita significativamente su capacidad de confrontación comercial.

La experiencia de las negociaciones originales del T-MEC ofrece lecciones importantes. Durante ese proceso, México logró preservar sectores estratégicos como el energético, aunque tuvo que hacer concesiones significativas en temas laborales y de propiedad intelectual. La administración de Andrés Manuel López Obrador mostró una aproximación más nacionalista que sus predecesores, priorizando la soberanía energética sobre la integración comercial profunda.

Implicaciones económicas de la incertidumbre

La amenaza de prolongar las negociaciones más allá de la fecha límite genera incertidumbre económica inmediata. Los mercados financieros y las decisiones de inversión empresarial son particularmente sensibles a la estabilidad del marco comercial regional. Una extensión de las negociaciones podría desacelerar la inversión extranjera directa y complicar los planes de nearshoring que han beneficiado a México en años recientes.

El timing de estas tensiones es particularmente delicado. México enfrenta presiones inflacionarias, un peso que ha mostrado volatilidad frente al dólar, y la necesidad de mantener el atractivo como destino de inversión manufacturera. La incertidumbre comercial podría interferir con estos objetivos, especialmente si las empresas estadounidenses y canadienses posponen decisiones de inversión hasta conocer el marco regulatorio definitivo.

Además, sectores mexicanos que han desarrollado cadenas de suministro integradas con Estados Unidos y Canadá podrían enfrentar disrupciones significativas. La industria automotriz, que representa aproximadamente el 20% de las exportaciones mexicanas, es particularmente vulnerable a cambios en las reglas de origen y contenido regional que podrían surgir en la revisión.

Lo que falta por saber

Las negociaciones del T-MEC enfrentan múltiples incógnitas que determinarán su resultado final. La posición oficial de México ante la propuesta de alianza canadiense permanece unclear, lo que sugiere la necesidad de definir una estrategia negociadora clara antes de que inicien formalmente las conversaciones.

Igualmente importante es identificar qué sectores de servicios específicos están ausentes del T-MEC actual y cuantificar su valor económico potencial. Servicios financieros, telecomunicaciones, servicios profesionales y comercio electrónico requieren marcos regulatorios específicos que protejan los intereses mexicanos mientras faciliten el comercio regional.

Las demandas específicas que Estados Unidos planea presentar en la revisión también permanecen en el terreno de la especulación. Temas como disputas laborales, políticas energéticas mexicanas, regulación digital y estándares ambientales podrían ser áreas de confrontación, especialmente si una futura administración estadounidense adopta posiciones más proteccionistas.

Finalmente, la preparación técnica y diplomática de México para estas negociaciones será crucial. La experiencia de 2017-2019 demostró que la capacidad negociadora técnica y la coordinación interinstitucional son factores determinantes en el resultado final. La ventana de oportunidad para fortalecer estas capacidades se reduce conforme se acerca 2026, haciendo urgente la definición de prioridades nacionales y estrategias de negociación.