El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reportó una pérdida neta de empleos formales durante mayo de 2026, con la mayor proporción correspondiente a plazas permanentes, según información difundida por Semanario ZETA y El Financiero. Esta contracción del empleo formal —particularmente preocupante por concentrarse en trabajos con prestaciones y estabilidad— ocurre en un momento crítico: mientras la presidenta Claudia Sheinbaum se prepara para defender el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ante posibles cuestionamientos de Donald Trump, y mientras la consultora PwC publica su Barómetro IA 2026 que documenta el avance de la inteligencia artificial en el mercado laboral mexicano.
La pérdida de empleos permanentes representa un retroceso en la calidad del trabajo en México, donde el empleo formal con prestaciones de seguridad social ha sido históricamente el indicador más confiable de salud económica. A diferencia de los trabajos eventuales, los empleos permanentes ofrecen acceso a servicios médicos, pensiones, aguinaldo y otras prestaciones que constituyen el núcleo de la protección social en el país. Su destrucción no solo refleja debilidad económica inmediata, sino que amenaza con impulsar la migración hacia la informalidad laboral, donde más del 55% de los trabajadores mexicanos ya operan sin ninguna red de protección.
El contexto temporal de esta contracción laboral añade complejidad al panorama: el T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020, está sujeto a revisión en 2026, precisamente el año en que estos datos se registran. La coincidencia no es menor. El tratado comercial ha sido fundamental para posicionar a México como destino del nearshoring —la relocalización de cadenas de suministro desde Asia hacia América del Norte— y cualquier incertidumbre sobre su continuidad podría estar frenando decisiones de inversión que generarían empleo.
El T-MEC bajo presión: Sheinbaum prepara su defensa
La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que hablará con Donald Trump "si es necesario" para defender el T-MEC, según reportó El Informador. Aunque la mandataria mexicana no especificó qué amenazas concretas ha planteado el presidente estadounidense, su disposición pública a negociar sugiere que existen tensiones reales en torno al tratado comercial que requieren gestión diplomática de alto nivel.
El T-MEC no es solo un acuerdo comercial: es la columna vertebral de la integración económica de América del Norte y el marco bajo el cual México ha construido su modelo de desarrollo industrial orientado a la exportación. Cualquier cuestionamiento al tratado —sea por disputas sobre reglas de origen, prácticas laborales o políticas energéticas— tiene el potencial de generar parálisis en decisiones de inversión. Las empresas que contemplan establecer operaciones en México para acceder al mercado estadounidense sin aranceles necesitan certidumbre sobre la permanencia del tratado. La incertidumbre, por sí sola, actúa como freno.
Aunque ninguna fuente establece una relación causal directa, el timing es sugestivo: la pérdida de empleos formales en mayo de 2026 ocurre precisamente en el año de revisión del T-MEC, cuando las empresas multinacionales enfrentan mayor incertidumbre sobre las reglas comerciales que regirán en los próximos años. En este contexto, la prudencia empresarial dicta posponer contrataciones hasta que el panorama se aclare. El empleo, así, se convierte en rehén de la geopolítica comercial.
El factor tecnológico: IA y automatización en el mercado laboral
La publicación del Barómetro IA 2026 México por parte de PwC agrega otra dimensión al análisis del mercado laboral. El documento examina el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo mexicano, aunque las fuentes disponibles no proporcionan hallazgos específicos sobre cuántos empleos están en riesgo de automatización ni qué sectores enfrentan mayor vulnerabilidad.
Lo que sí resulta evidente es que México está adoptando tecnologías de automatización e inteligencia artificial en un momento donde busca atraer inversión manufacturera mediante el nearshoring. Esta simultaneidad plantea una tensión inherente: ¿cómo puede el país competir por inversión ofreciendo mano de obra competitiva si precisamente esa inversión llega con tecnologías que reducen la necesidad de trabajadores? La promesa del nearshoring ha sido la generación masiva de empleo manufacturero; la realidad de la Industria 4.0 es que las plantas modernas requieren menos trabajadores pero más calificados.
Sin embargo, ninguna de las fuentes disponibles establece una correlación directa entre la adopción de IA y la pérdida de empleos permanentes reportada por el IMSS. Atribuir la contracción laboral a la automatización sin evidencia específica sería especulativo. Lo que sí puede afirmarse es que ambos fenómenos —pérdida de empleo permanente y avance de la IA— están ocurriendo simultáneamente, creando un entorno de incertidumbre sobre la naturaleza futura del trabajo en México. La pregunta relevante no es solo cuántos empleos se están perdiendo hoy, sino qué tipo de empleos se crearán mañana y si la fuerza laboral mexicana está preparada para ellos.
La paradoja del mercado laboral dual
Mientras el IMSS reporta destrucción neta de empleo formal, El Sol de México informa sobre vacantes en Puebla con salarios de hasta 40 mil pesos mensuales que permanecen sin cubrir. Esta aparente contradicción revela una realidad más compleja que el simple binomio de creación o destrucción de empleo: México enfrenta un mercado laboral fragmentado donde coexisten el desempleo y la escasez de talento calificado.
Este desajuste de habilidades (skills mismatch, en la terminología económica) no es exclusivo de México, pero aquí adquiere dimensiones particulares. Los empleos permanentes que se pierden podrían estar concentrados en sectores tradicionales —manufactura de bajo valor agregado, comercio, construcción— mientras que las vacantes sin cubrir corresponden a sectores que requieren competencias técnicas específicas: tecnologías de información, ingeniería especializada, gestión de cadenas de suministro complejas. Un trabajador desplazado de la industria textil no puede simplemente reubicarse en una plaza de desarrollo de software que paga 40 mil pesos.
La nota sobre vacantes en Puebla, aunque anecdótica y sin proporcionar contexto sectorial específico, ilustra un fenómeno estructural: el sistema educativo y de capacitación mexicano no está produciendo el perfil de trabajadores que demanda la economía moderna. Esto tiene implicaciones de política pública que van más allá de la coyuntura: no basta con generar empleos; es necesario generar empleos que correspondan con las capacidades de la población económicamente activa, o bien transformar esas capacidades mediante educación y entrenamiento.
Contexto sectorial: ¿qué industrias pierden empleo?
Las fuentes disponibles no proporcionan un desglose sectorial de la pérdida de empleos reportada por el IMSS en mayo de 2026, lo cual limita la capacidad de análisis causal. Sin este dato fundamental, resulta imposible determinar si la contracción se concentra en manufactura (lo que sugeriría impacto de incertidumbre comercial o competencia internacional), en servicios (lo que apuntaría a debilitamiento del consumo interno), o en construcción (lo que indicaría desaceleración de inversión en infraestructura).
Cada uno de estos escenarios tendría implicaciones distintas para la política económica. Una pérdida de empleo manufacturero en el contexto de la revisión del T-MEC sería particularmente preocupante, porque señalaría que la incertidumbre comercial ya está produciendo daño real. Una contracción en servicios, por otro lado, apuntaría a problemas de demanda interna, posiblemente relacionados con la política monetaria restrictiva que el Banco de México ha mantenido para controlar la inflación. Una caída en construcción sugeriría que la inversión pública y privada en infraestructura está frenándose, con consecuencias para el crecimiento de mediano plazo.
La ausencia de estos datos en las fuentes públicas disponibles representa una limitación seria para el análisis económico. Lo que se sabe es que los empleos perdidos son predominantemente permanentes; lo que no se sabe es dónde se están perdiendo y por qué. Esta opacidad informativa dificulta tanto la evaluación de políticas públicas como la toma de decisiones empresariales.
Consecuencias macroeconómicas y sociales
La pérdida de empleo formal tiene efectos que se propagan por toda la economía. En el corto plazo, reduce el ingreso disponible de las familias, contrayendo el consumo privado que representa aproximadamente dos tercios del PIB mexicano. Menos consumo significa menos ingresos para las empresas de comercio y servicios, lo que puede generar un círculo vicioso de destrucción de empleo adicional en sectores que dependen de la demanda interna.
En el mediano plazo, la migración de trabajadores del sector formal al informal tiene consecuencias fiscales: reduce la recaudación de cuotas de seguridad social que financian al IMSS, debilitando la capacidad del sistema de salud pública en un momento donde la demanda de servicios médicos sigue siendo elevada. También reduce la recaudación del Impuesto Sobre la Renta, limitando los recursos disponibles para inversión pública en infraestructura, educación y programas sociales. La informalización del trabajo es, en este sentido, un problema que se autoalimenta: menos recursos públicos significan menos capacidad estatal para generar las condiciones que permitan la formalización.
Desde una perspectiva social, la pérdida de empleos permanentes con prestaciones aumenta la vulnerabilidad de las familias mexicanas ante choques económicos o de salud. Sin acceso a servicios médicos institucionales, estas familias deben pagar de su bolsillo por atención de salud, lo que puede resultar catastrófico financieramente. Sin acceso a pensiones, enfrentan mayor riesgo de pobreza en la vejez. El deterioro del empleo formal, así, no es solo un problema económico presente sino una hipoteca sobre el bienestar futuro de millones de mexicanos.
Lo que falta por saber
El análisis de esta situación está severamente limitado por la ausencia de datos específicos. No se conoce la cifra exacta de empleos perdidos en mayo de 2026, ni cómo se compara esta pérdida con meses anteriores o con el mismo periodo de 2025. Sin esta información, resulta imposible determinar si se trata de una anomalía estadística, el inicio de una tendencia preocupante, o simplemente variación estacional.
Tampoco se dispone de información sectorial que permita identificar qué industrias están expulsando trabajadores. ¿Es la manufactura de exportación, sensible a la incertidumbre del T-MEC? ¿Son los servicios, vulnerables a la contracción del consumo? ¿Es la construcción, dependiente de inversión pública y privada? Cada respuesta implicaría diagnósticos y soluciones diferentes. La opacidad de los datos impide tanto el análisis riguroso como el diseño de política pública efectiva.
El contenido específico del Barómetro IA 2026 de PwC sobre México permanece desconocido en las fuentes disponibles. ¿Qué porcentaje de empleos mexicanos están en riesgo de automatización? ¿Qué sectores son más vulnerables? ¿Qué regiones del país enfrentarán mayor disrupción? ¿Qué políticas de capacitación y reconversión laboral recomienda el estudio? Estas son preguntas fundamentales para preparar al país ante la transformación tecnológica del trabajo, y las respuestas están ausentes del debate público.
Igualmente relevante es la pregunta sobre la relación entre empleo formal e informal. ¿Cuántos de los trabajadores que pierden empleo formal están migrando al sector informal? El gobierno mexicano no publica estadísticas en tiempo real sobre esta transición, pero el fenómeno es crítico: si la mayor parte de los desplazados del empleo formal simplemente desaparecen de las estadísticas oficiales para reaparecer en la economía informal, el impacto social inmediato podría ser menos severo que lo que sugieren los números del IMSS, pero las consecuencias fiscales y de protección social serían más graves.
Escenarios hacia la revisión del T-MEC
El desenlace de las negociaciones sobre el T-MEC tendrá impacto determinante sobre el mercado laboral mexicano en los próximos meses. Si Sheinbaum logra preservar el tratado sin modificaciones sustanciales, la incertidumbre actual podría disiparse, permitiendo la recuperación de la inversión y, eventualmente, del empleo. Este sería el escenario optimista: una contracción temporal causada por prudencia empresarial ante incertidumbre geopolítica, reversible una vez que las reglas del juego estén claras.
Un escenario intermedio involucraría modificaciones al T-MEC que incrementen costos de operación para algunas industrias —por ejemplo, requisitos más estrictos de contenido regional, mayores estándares laborales o ambientales— sin poner en riesgo la esencia del tratado. En este caso, algunas empresas podrían absorber los costos adicionales, otras podrían reubicarse, y el resultado neto para el empleo dependería del balance entre estos movimientos. La experiencia histórica sugiere que los ajustes graduales son manejables; los cambios abruptos, no.
El escenario pesimista implicaría un debilitamiento sustancial del T-MEC —o incluso su colapso— que eliminaría las ventajas arancelarias de México para acceder al mercado estadounidense. En este caso, la pérdida de empleo observada en mayo de 2026 no sería una anomalía sino la vanguardia de una contracción mucho más profunda, particularmente en las industrias de exportación que han sido el motor del crecimiento mexicano en las últimas décadas. Este escenario tendría consecuencias catastróficas no solo para el empleo sino para el modelo de desarrollo económico del país en su conjunto.
La disposición de Sheinbaum a dialogar directamente con Trump sugiere que el gobierno mexicano entiende la gravedad de lo que está en juego. La pregunta relevante no es solo si México puede preservar el T-MEC, sino si puede hacerlo manteniendo las condiciones que hacen atractiva la inversión y generan empleo de calidad. En un contexto donde la tecnología está transformando la naturaleza del trabajo, donde la competencia global por inversión se intensifica, y donde las tensiones geopolíticas reconfiguran las cadenas de suministro, México necesita no solo defender el acuerdo comercial que tiene, sino adaptarse activamente a un mundo laboral que cambia más rápido que las políticas públicas que intentan regularlo.

