México enfrenta una creciente desconexión entre el optimismo oficial y las proyecciones de organismos técnicos: mientras la Secretaría de Hacienda destaca 'factores que impulsan la economía' y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) publica '12 buenas noticias', la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recortó el 3 de junio su expectativa de crecimiento para México a 0.8% para 2025, citando debilidad estructural en inversión y consumo interno. El sector privado mexicano coincide con el pesimismo: estima apenas 1% de expansión para el próximo año.

El contraste no es solo de cifras, sino de timing. El IMCO publicó su lista de 'buenas noticias' el 31 de mayo, justo antes de que Forbes México (1 de junio) y la OCDE (3 de junio) divulgaran los recortes en expectativas. La secuencia de publicaciones plantea interrogantes sobre si existe una estrategia de comunicación coordinada para anticipar o contrarrestar proyecciones negativas de organismos internacionales.

La cifra de 0.8% no solo es baja en términos absolutos: representa la continuación de un estancamiento que ha caracterizado la economía mexicana desde 2019. Durante el sexenio anterior (2018-2024), el crecimiento promedio anual fue de aproximadamente 0.9%, uno de los registros más débiles de América Latina. Las proyecciones actuales sugieren que México no logrará revertir esta tendencia en el corto plazo.

Factores estructurales detrás de la debilidad económica

La OCDE identificó dos factores centrales en su recorte de expectativas: debilidad en la inversión y debilidad en el consumo interno. Estos no son problemas coyunturales sino estructurales que México arrastra desde hace años, según el organismo internacional. La inversión fija bruta como porcentaje del PIB se ha mantenido estancada en torno al 20% durante la última década, muy por debajo del 25-30% que economistas consideran necesario para un crecimiento sostenido.

El consumo privado, que representa aproximadamente el 65% del PIB mexicano, también muestra señales de agotamiento. Aunque el gobierno ha implementado programas de transferencias directas que han sostenido el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, el empleo formal creció solo 551,000 plazas en el último año, la cifra más baja en 15 años según datos previos. Sin generación robusta de empleo bien remunerado, el consumo interno difícilmente puede convertirse en motor de crecimiento.

El sector privado mexicano comparte este diagnóstico. Su estimación de 1% de crecimiento para 2025 refleja el pesimismo empresarial sobre las condiciones para invertir. La incertidumbre regulatoria, particularmente en sectores como energía y minería, ha sido señalada repetidamente por cámaras empresariales como un obstáculo para comprometer capital a largo plazo. Sin embargo, el gobierno no ha presentado un plan articulado para reactivar la inversión privada.

La narrativa oficial: optimismo sin datos duros

Frente a estas proyecciones, la postura oficial ha optado por enfatizar aspectos positivos sin cuantificar su impacto. El 1 de junio, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) publicó un comunicado destacando 'factores que impulsan a la economía en México', sin especificar cuáles son ni ofrecer proyecciones propias actualizadas. Esta ausencia de cifras contrasta con la práctica de organismos internacionales como la OCDE, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, que acompañan sus valoraciones con datos concretos y rangos de proyección.

El IMCO, por su parte, tituló su publicación del 31 de mayo como '12 buenas noticias de la economía mexicana en contexto', pero el contenido específico de estas 'buenas noticias' no fue detallado en el titular ni en la descripción disponible. El instituto, frecuentemente citado por el gobierno en temas de competitividad, no aclaró si estas noticias se refieren a indicadores que mejoran respecto a años anteriores o simplemente a aspectos que 'podrían ser peores'.

Esta estrategia de comunicación cualitativa tiene precedentes. Durante el sexenio anterior, el gobierno federal frecuentemente destacó aspectos positivos parciales (como la estabilidad del peso o el superávit primario) mientras evitaba discutir el estancamiento del PIB. La diferencia es que ahora la brecha entre narrativa oficial y proyecciones técnicas se ha ampliado: mientras Hacienda habla de 'impulsos', la OCDE proyecta el crecimiento más bajo para México entre las principales economías latinoamericanas.

Aranceles de EE.UU. y T-MEC: ¿distractor o factor real?

El 3 de junio, el gobierno mexicano publicó un comunicado celebrando que la 'propuesta de aranceles como resultado de investigación de la Sección 301 no contempla a comercio que cumpla con las reglas del T-MEC'. La Sección 301 es un mecanismo de investigación comercial de Estados Unidos que puede derivar en aranceles punitivos contra socios comerciales acusados de prácticas desleales. La investigación actual, reactivada bajo la nueva administración estadounidense, se remonta a indagaciones iniciadas en 2018.

El mensaje oficial sugiere que México está protegido de aranceles siempre que su comercio cumpla las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, el comunicado no especifica qué porcentaje del comercio bilateral SÍ quedaría sujeto a aranceles por no cumplir estas reglas. Tampoco detalla qué sectores o productos específicos podrían verse afectados.

Más importante aún: la OCDE y el sector privado no señalan los aranceles estadounidenses como el factor principal detrás de sus recortes de expectativas. Ambos identifican problemas internos — inversión y consumo débiles — como los limitantes del crecimiento. Esto sugiere que el énfasis gubernamental en la protección del T-MEC podría funcionar como distractor de problemas estructurales domésticos que requieren políticas públicas específicas.

Contexto regional: México a la zaga de América Latina

Para dimensionar la gravedad de las proyecciones de 0.8-1%, es necesario compararlas con el desempeño esperado de otros países de la región. Aunque las fuentes consultadas no incluyen proyecciones completas para América Latina, datos históricos recientes muestran que México ha crecido sistemáticamente por debajo del promedio regional desde 2019.

Países como Colombia, Perú y Chile, pese a enfrentar sus propios desafíos políticos y sociales, han mantenido tasas de crecimiento promedio superiores al 2% anual en el mismo periodo. Brasil, la mayor economía de la región, ha mostrado volatilidad pero con picos de crecimiento cercanos al 3%. Incluso Argentina, en medio de crisis recurrentes, ha tenido años de expansión que superan las proyecciones actuales de México.

Esta comparación regional es relevante porque México comparte con estos países factores externos similares: volatilidad en precios de materias primas, presiones inflacionarias globales y endurecimiento de condiciones financieras internacionales. La diferencia está en factores internos: México ha experimentado caída sostenida en inversión pública (como porcentaje del PIB) y no ha logrado que la inversión privada compense este retroceso.

Impacto real: qué significa 1% de crecimiento

Un crecimiento de 0.8-1% tiene implicaciones concretas que trascienden las cifras macroeconómicas. Para un país con crecimiento demográfico de aproximadamente 1% anual, significa que el PIB per cápita se mantendría prácticamente estancado. En términos prácticos: el mexicano promedio no vería mejoras en su nivel de vida durante 2025.

Para el mercado laboral, las implicaciones son directas. Históricamente, México requiere crecer al menos 3% anual para generar empleo formal suficiente que absorba a los jóvenes que se incorporan a la fuerza laboral cada año. Con crecimiento de 1%, la presión sobre el empleo informal aumenta, perpetuando el ciclo de baja productividad y bajos salarios que caracteriza a más del 50% de la fuerza laboral mexicana.

La recaudación tributaria también se ve afectada. México tiene una de las cargas fiscales más bajas de América Latina (alrededor del 16% del PIB), en parte porque gran parte de la economía opera en la informalidad. Con bajo crecimiento, la expansión de la base tributaria se vuelve aún más difícil, limitando los recursos disponibles para programas sociales, infraestructura e inversión en capital humano.

Los programas emblemáticos del gobierno — desde pensiones para adultos mayores hasta becas estudiantiles — dependen de un flujo constante de ingresos públicos. Si el crecimiento económico no se recupera, el gobierno enfrentará una disyuntiva: recortar programas, aumentar la deuda pública o implementar una reforma fiscal que amplíe la base de contribuyentes. Hasta ahora, no hay señales de que alguna de estas opciones esté sobre la mesa con seriedad.

Lo que falta por saber: preguntas sin respuesta

La brecha entre narrativa oficial y proyecciones técnicas deja múltiples interrogantes sin resolver. ¿Cuál es la proyección oficial del gobierno mexicano para 2025? Hasta el cierre de este artículo, la SHCP no ha publicado una cifra actualizada que permita contrastar con los 0.8% de la OCDE o el 1% del sector privado. Esta omisión es significativa: en años previos, el gobierno ha mantenido proyecciones más optimistas que organismos internacionales, pero eventualmente las ha revisado a la baja cuando los datos trimestrales del INEGI confirman el enfriamiento económico.

Tampoco está claro cuáles son específicamente las '12 buenas noticias' del IMCO ni si tienen respaldo en datos verificables. Sin acceso al contenido completo del análisis, es imposible evaluar si estas 'buenas noticias' se refieren a mejoras absolutas o relativas, o si son proyecciones a futuro que dependen de supuestos no explicitados. La transparencia metodológica es fundamental para que think tanks mantengan credibilidad técnica independientemente de su proximidad al gobierno.

En cuanto a los aranceles de Sección 301, persiste la incertidumbre sobre qué porcentaje del comercio México-EE.UU. SÍ quedaría sujeto a gravámenes por no cumplir las reglas de origen del T-MEC. El sector automotriz, por ejemplo, ha enfrentado escrutinio sobre el contenido regional de sus vehículos. Si una proporción significativa de exportaciones mexicanas no cumple los umbrales de contenido regional, el T-MEC ofrecería menos protección de la que el gobierno sugiere.

Finalmente, no hay claridad sobre qué medidas concretas planea el gobierno para reactivar la inversión y el consumo, los dos factores que la OCDE identifica como débiles. ¿Habrá reformas para reducir la incertidumbre regulatoria en energía? ¿Se implementarán incentivos fiscales para atraer inversión en sectores estratégicos? ¿Existe un plan para fortalecer el mercado interno más allá de las transferencias directas? Sin respuestas a estas preguntas, las proyecciones de crecimiento seguirán siendo sombrías.

Vigilar la coherencia entre discurso y datos

El caso de las proyecciones económicas para 2025 ilustra un patrón más amplio: la creciente desconexión entre el discurso oficial optimista y las señales técnicas de debilidad estructural. Esta brecha no es solo un problema de comunicación, sino de diagnóstico. Si el gobierno no reconoce públicamente la gravedad del estancamiento, difícilmente implementará las políticas necesarias para revertirlo.

Para los próximos meses, será fundamental vigilar tres elementos: primero, cuándo y con qué cifras actualiza la SHCP su proyección oficial — históricamente lo hace en los Criterios Generales de Política Económica que se publican antes del paquete presupuestal. Segundo, si el INEGI confirma en sus reportes trimestrales la debilidad que OCDE y sector privado anticipan — los datos del segundo y tercer trimestre de 2025 serán definitivos. Tercero, si el gobierno presenta medidas específicas para reactivar inversión y consumo, o si continúa con la estrategia de destacar aspectos positivos parciales sin atacar problemas estructurales.

La economía mexicana ha mostrado resiliencia ante choques externos — desde la pandemia hasta las disrupciones en cadenas de suministro globales — pero la resiliencia no es sinónimo de dinamismo. Un crecimiento de 0.8-1% puede evitar una recesión técnica, pero condena al país a un estancamiento que erosiona gradualmente las oportunidades de millones de mexicanos. Reconocer el problema es el primer paso para resolverlo. Por ahora, ese reconocimiento sigue ausente en el discurso oficial.