La Organización de las Naciones Unidas ha documentado la existencia de una compleja red transnacional de espionaje y acoso dirigida por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, que extiende sus operaciones de represión más allá de las fronteras nacionales para perseguir a opositores políticos en el exilio.
El sistema represivo trasciende fronteras
Según el Grupo de Expertos de la ONU sobre Nicaragua, el régimen sandinista ha desarrollado una estructura operativa que permite vigilar, intimidar y perseguir a disidentes nicaragüenses que han buscado refugio en otros países. Esta red utiliza diversos mecanismos para mantener el control y el temor entre la oposición, incluso cuando esta se encuentra fuera del territorio nacional.
Reed Brody, integrante del Grupo de Expertos de la ONU, advierte sobre un factor crucial que permite el funcionamiento de esta maquinaria represiva:
Nicaragua padece de un olvido, y ese olvido ayuda a una dictadura. Esta falta de atención internacional, según el experto, facilita que el gobierno de Ortega-Murillo opere con impunidad tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Métodos de operación y alcance internacional
El informe de la ONU detalla cómo esta red transnacional emplea múltiples estrategias de acoso que van desde la vigilancia digital hasta la presión sobre familiares que permanecen en Nicaragua. Los métodos incluyen el uso de tecnología para rastrear comunicaciones, la infiltración en comunidades de exiliados y la coordinación con redes de apoyo en países de acogida.
La sofisticación de estas operaciones revela un nivel de organización que trasciende las capacidades típicas de un aparato estatal convencional, sugiriendo la existencia de colaboraciones internacionales o el uso de recursos especializados para mantener el control sobre la diáspora nicaragüense. Esta realidad convierte a los opositores en objetivo permanente, independientemente de su ubicación geográfica.
El alcance de estas actividades ha sido documentado en diversos países de América Latina, Estados Unidos y Europa, donde residen comunidades significativas de exiliados nicaragüenses. La capacidad de operar en múltiples jurisdicciones demuestra la complejidad y los recursos destinados a mantener esta red de vigilancia.
Contexto de la crisis política nicaragüense
Esta revelación se produce en el marco de una crisis política prolongada que se intensificó desde las protestas de 2018, cuando el régimen de Ortega-Murillo endureció significativamente su postura represiva. Desde entonces, miles de nicaragüenses han abandonado el país buscando protección internacional, convirtiéndose en objetivos potenciales de esta red de espionaje.
La situación se ha agravado con la cancelación sistemática de organizaciones civiles, la clausura de universidades independientes y la persecución de líderes religiosos, políticos y sociales. Estas medidas han forzado a una parte significativa de la oposición al exilio, creando una diáspora que ahora enfrenta la extensión internacional de la represión doméstica.
El informe de la ONU llega en un momento en que la comunidad internacional debate sobre las medidas a adoptar frente al deterioro de la situación de derechos humanos en Nicaragua. Sin embargo, como señala Reed Brody, el olvido internacional continúa siendo un factor que permite la perpetuación de estas prácticas represivas sin consecuencias significativas para el régimen.

